
El compromiso de la UE con los derechos fundamentales de sus habitantes ha llevado a construir un concepto muy valioso: la ciudadanía europea.
El mismo conlleva derechos como circular y residir libremente en cualquier estado miembro, participar activamente en las elecciones europeas, contar con protección diplomática, tener cobertura sanitaria y derechos laborales o recibir un trato no discriminatorio por razones de nacionalidad, religión, sexo, edad u orientación sexual.
Por ello, en la actualidad, Europa alberga las sociedades más igualitarias del mundo y disfruta de altos estándares en términos de calidad de vida.
Ni pasaportes, ni aduanas: un espacio económico común

La ciudadanía europea permite viajar, estudiar, trabajar y vivir en cualquier estado miembro. La libre circulación de personas, así como de bienes, capitales y servicios, es posible gracias a la existencia del llamado «mercado único».
Se trata de uno de los grandes logros del proyecto europeo, pues delimita un espacio sin fronteras interiores que favorece la movilidad, la integración y la estabilidad económica. Una realidad creada en 1993 y fortalecida con la moneda común y el presupuesto conjunto.
La integración española en el mercado único supuso un enorme esfuerzo de adaptación en algunos sectores, si bien aceleró la competitividad y la innovación. Tras 40 años, España es considerada uno de los motores económicos de Europa.
Entre el Erasmus, Europa Creativa y Horizonte Europa
Educación, cultura e investigación han sido y siguen siendo pilares esenciales del bienestar colectivo. La UE trata de unir esfuerzos mediante programas de financiación y cooperación conjunta, en coherencia con las políticas propias de cada Estado miembro.
El programa Erasmus+, que ha permitido a 15.000.000 de estudiantes y docentes formarse en otro país, es un referente dentro y fuera de nuestras fronteras. Pero hay más, como Europa Creativa, que impulsa los sectores de la creación, la cultura y el patrimonio; Horizonte Europa, que financia la investigación de excelencia para abordar retos mundiales, como el cambio climático, o mejoras en el campo de la salud, la protección social o las nuevas tecnologías.
El objetivo es consolidar un modelo social único, distintivo de la UE, donde cultura y ciencia se convierten en garantías para un futuro mejor.